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¿Por qué no es recomendable que los niños duerman con sus padres?

2 octubre 2020

Todos los padres sienten la necesidad de tener a sus hijos durmiendo cerquita en la misma cama y a los niños esto les encanta. ¿Quién podría juzgar semejante acto de amor y cuidado?.

La verdad es que durante los primeros meses de vida es sumamente importante el apego para que el bebé crezca fortalecido física y emocionalmente. Por eso cada vez son más los especialistas que recomiendan la práctica del colecho, sin embargo, mantener al bebé en la cama matrimonial desde su nacimiento en adelante es también cuestionado por los especialistas en trastornos del sueño.

El insomnio es uno de los trastornos del sueño más frecuentes en mamás de recién nacidos, pero también es un riesgo para los niños que no duermen en su propia habitación.

 

A partir del cuarto mes el bebé debe irse a su habitación

Suena como una sentencia cruel pero dicho por los expertos, es una medida saludable para evitar los efectos perniciosos que puede tener dormir con papá y mamá en el desarrollo infantil.

Pernoctar todas las noches en la misma cama o en la misma habitación interfiere en el aprendizaje de la autonomía y favorece la aparición de trastornos del sueño.

Desde el punto de vista psicológico, los expertos consideran que los padres que duermen con sus hijos, lejos de protegerlos del miedo y la inseguridad, causan un efecto contrario interfiriendo en su crecimiento físico así como en su independencia.

En los primeros tres meses los pediatras recomiendan mantener la cuna cerca de la cama de los padres para alimentar y  monitorizar al bebé, pero después es importante crearles su propio espacio, aunque ello signifique semanas de insomnio más intenso hasta la adaptación.

De hecho, el insomnio no sólo lo sufren los padres quienes aun teniendo al bebé en la cama no duermen saludablemente, sino el mismo niño.

El sueño es un período de importante actividad de la corteza cerebral en el que se segregan hormonas como la del crecimiento, el cortisol o la melatonina. Estas son vitales para el correcto desarrollo de peso y talla del bebé, por lo que sus horas de descanso no se pueden perturbar por las condiciones de sueño de papá y mamá.

Estos pequeños tienen que pasar la noche entre la temperatura corporal de sus padres, ronquidos y contacto por los movimientos normales de los adultos al dormir, lo cual favorece su insomnio.

Si bien el colecho ofrece una lista de beneficios para el bebé y la madre, también es reconocido que los menores de tres meses de edad corren un mayor riesgo de Síndrome de Muerte Súbita en Lactantes (SMSL), en especial si la madres es fumadora, consume drogas o alcohol, o realiza esta práctica en condiciones de hacinamiento.

Un estudio de la Academia Americana de Pediatría advierte que los niños desde los cuatro meses en adelante que duermen en la misma habitación que los padres, aun sin estar en la misma cama, tienen un peor descanso que los que están en su propia habitación. Experimentan un menor tiempo de sueño durante la noche y prácticas de dormir poco saludables, debido a que en los breves episodios en los que se despiertan por las noches los padres acuden a su atención y no se vuelven a dormir por sí mismos.

La baja calidad del sueño en los niños aumenta  las posibilidades de que sufran de sobrepeso y desarrollen otros trastornos del sueño en edades más avanzadas.

 

Hacer que duerman solos es cultivar su autonomía

La tarea de enseñarlos a dormir solos en su habitación puede resultar titánica pero con paciencia y amor los resultados en la higiene del sueño del niño te probarán que valió la pena.

Es normal que al principio lloren desde la cuna, por lo que sentirás culpa si no sales corriendo a tomarle en brazos para llevarlo de vuelta a tu cama. Aquí es el momento de ponerte firme y pensar en el bienestar de tu bebé.

Dependiendo de la edad ellos requieren dormir entre 18 y 12 horas desde la edad de nacimiento hasta los 12 años.

Tomando en cuenta esto, es importante establecer algunos hábitos acordes a la etapa del niño que le permitan conciliar el sueño fuera de la cama de papá y mamá.

Si está pequeño un baño con agua tibia lo relaja, cantarle una canción de arrullo bajo una luz tenue es una buena estrategia.

Cuando llore asegúrate de hallar el motivo, puede que necesite un cambio de pañal, tenga algún malestar después de comer o sientan incomodidad. Luego de revisar cada posible motivo y validar que todo está en orden no lo saques de la cuna.

En la medida que van creciendo acostúmbralos a acostarse a la misma hora, vestirlos con un pijama cómoda y limpia, realizar el aseo bucal antes de ir a la cama y disfrutar de una actividad como leer un cuento o una canción e inmediatamente apagar la luz y salir de la habitación.

En esta etapa son comunes las pesadillas o los terrores nocturnos, así que lo recomendable es que no subestimes sus emociones, le escuches, lo tranquilices y le hagas entender que está seguro durmiendo en su cama.

Este es un proceso en el que el acompañamiento de los padres es fundamental para procurar la higiene del sueño de sus hijos y así su adecuado desarrollo y crecimiento.