¿Qué es el insomnio crónico?
Hablamos de insomnio crónico cuando la dificultad para conciliar o mantener el sueño se repite al menos tres noches por semana durante tres meses o más, y afecta a tu día a día.
No es solo "dormir mal alguna noche". El insomnio crónico se retroalimenta: cuanto más te preocupa no dormir, más se activa tu cuerpo a la hora de acostarte, y más cuesta descansar. Romper ese círculo es precisamente el objetivo del tratamiento.
Síntomas más frecuentes
- Cuesta conciliar el sueño al acostarte.
- Despertares nocturnos y dificultad para volver a dormir.
- Despertar precoz, antes de lo deseado, sin poder retomar el sueño.
- Sensación de sueño no reparador aunque pases horas en la cama.
- Cansancio, irritabilidad y falta de concentración durante el día.
- Preocupación anticipada por "no poder dormir".
Causas y factores que lo mantienen
- Estrés, ansiedad o estado de ánimo bajo.
- Malos hábitos e higiene del sueño (horarios irregulares, siestas largas, pantallas en la cama).
- Cafeína, alcohol o comidas copiosas a última hora.
- Dolor, enfermedades o determinados medicamentos.
- Otros trastornos del sueño no diagnosticados (apnea, piernas inquietas).
El insomnio tiene tratamiento. La terapia cognitivo-conductual del insomnio (TCC-I) es hoy el tratamiento de elección y logra mejoras mantenidas en el tiempo, también en personas que llevan años sin dormir bien.
Cómo lo abordamos
Primero entendemos por qué no duermes; después, actuamos sobre ello paso a paso.
Valoración e historia del sueño
Analizamos tus hábitos y tu patrón con un especialista, apoyándonos en un diario de sueño.
Descartar otras causas
Si conviene, realizamos un estudio del sueño para descartar apnea u otros trastornos que impidan descansar.
Plan de tratamiento
Diseñamos un programa personalizado con seguimiento para consolidar los resultados.
Tratamiento
El foco está en recuperar un sueño natural y estable, con el menor uso posible de fármacos.
- Terapia cognitivo-conductual del insomnio (TCC-I): tratamiento de referencia, con resultados duraderos.
- Higiene del sueño y reeducación de hábitos y horarios.
- Control de estímulos y restricción del tiempo en cama para reconectar cama y sueño.
- Abordaje de las causas (estrés, ansiedad, otros trastornos) de forma coordinada.
- Uso racional de la medicación: puntual y supervisado, nunca como única solución.
